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Como las obras del local ya estan muy avanzadas y hay espacios disponibles para ir almacenando cosas, estos dias estamos alternando la fase final de obras con el traslado de recreativas que hasta la fecha han estado guardadas en diversos puntos de la geografia catalana, y algunas más que quedan por llegar.

 

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Acto seguido, os dejamos unas cuantas imagenes y un escrito realizado por uno de nuestros socios, Héctor:

 

“Suena la alarma… un brillo que parece forzar los agujeros de las persianas con una pata de cabra me golpea los ojos con violencia… 3 horas de sueño… el recuerdo borroso de haber conectado una Ps4 prestada la noche anterior (merci Davidamm ;-D) y muchos chupitos de tequila flotaban vaporosos en mi confusa cabeza, había llegado el momento, las macas nos esperaban.
Arduos días de logística, interminables Whatsapps y permisos paterno/maritales, todo parecía haberse alineado cuando me senté de copiloto en la furgoneta de Ginés. Adri, mi hermano, llegaba tarde, para variar. Con un par de referencias de la zona, Ginés se plantó en el lugar de destino, frente a la puerta del local, como si fuera vecino del lugar.

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Allí nos esperaba Jordi, amo y señor del local, parte desguace, parte taller y parte salón recreativo, con una moto acuática que presidía su amplia y variada colección de aficiones.
Tras las presentaciones y apretones de manos, comenzamos a planear como íbamos a encajar las máquinas en la furgoneta; giros, empujones, tirones… había espacio de sobra. Al poco apareció Putxy dispuesto a echarnos una mano, con una camiseta gamer que me voló la cabeza. En menos de lo que nos pensábamos las recreativas ya estaban cargadas y aseguradas para el viaje de vuelta.

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Un rugido en nuestros estómagos, y la convicción de que ese encuentro no podía acabar tan fríamente, teníamos que culminar el encuentro con un buen almuerzo; un tentempié caliente y un par de cervezas por cabeza (las del chófer SIN); risas, anécdotas e historias de sobremesa daban fin a este encuentro matutino. Conscientes de que nos quedaba la mitad de la misión, partimos raudos hacia el punto B, donde Brito, Gallind y Netboy trabajaban contrarreloj, pintando, limpiando y haciendo hueco para tan valiosa carga.

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El viaje de vuelta fue mucho más relajado que el de ida; el chófer concentrado con el traslado, mi hermano durmiendo la resaca y un servidor coordinando la llegada al local desde el movil.
En cuanto llegamos al punto de descarga, habían brazos y una carretilla como para no pasar penurias, y todo fluía como si hubiéramos hecho esto toda la vida.
Máquina a máquina, algo estaba tomando forma en ese local recién blanqueado, y pese a llevar menos de una semana como socio en A.R.C.A.D.E., al final del día le vi todo el sentido a lo de “miembro fundador”, por muy pequeñito que sea tu granito de arena.

Ya queda poco, ánimo.”

 

Como siempre, la galería completa aquí –> Galería traslados imposibles

 

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